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Efemérides 08 de Enero – Álvaro Yunque

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Álvaro Yunque

Un día como hoy pero de 1982 se despedía Arístides Gandolfi Herrero, popularmente conocido como Álvaro Yunque. Poeta, dramaturgo, ensayista, cuentista, historiador y periodista, narró como pocos las vicisitudes de los más desposeídos, relegados y débiles de nuestra sociedad de la primera mitad del siglo XX. Especialmente, describió con notable sensibilidad la vida de los niños, niñas y jóvenes más vulnerables de Buenos Aires y los suburbios.
Nació en 1889 en la ciudad de La Plata. Hijo del constructor milanés Adán Gandolfi (que participó en la construcción de la Catedral de Mar del Plata) y de la argentina Angelina Herrero, Arístides fue el mayor de ocho hermanos cuyos nombres empezaban invariablemente con A: Ángel, Adrián, Angelina, Augusto, Ada, Alejandro y Alcides.
En 1896 se mudó con su familia a la ciudad de Buenos Aires, en 1901 ingresó en el Colegio Nacional Central (hoy, Colegio Nacional Buenos Aires) y en 1908 ingresó en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales para cursar Arquitectura, como había sido el deseo de su padre. Pero poco antes de recibirse abandonó la carrera y se dedicó de lleno al periodismo y a la escritura.
Integrante de la Generación del 22, pronto se definió por el Grupo de Boedo junto a Roberto Arlt, Elías Castelnuovo, Leónidas Barletta, Roberto Mariani, César Tiempo, Nicolás Olivari y Enrique Amorim, colectivo de escritores que impulsaba la idea de que el arte debía cumplir una función social y no sólo estética y despreocupada de sus efectos discursivos.
En 1924 publicó en la revista Claridad su primera colección de poemas que llamó Versos de la calle y en 1925 su primer cuento, “Zancadillas”, al que siguió “Barcos de papel”. Aparecieron los personajes de niños, niñas y jóvenes humildes o relegados por los adultos como actores centrales de sus obras y también entrañables animales que hablaban con ingenuidad y desparpajo. Se convirtió en un referente de esa literatura. Continuó su producción con “Espantajos”, “Ta-te-ti”, “Bichofeo. Escenas para la vida de una sirvienta de 10 años” y “Jauja”. Los pibes se veían reflejados en sus obras que, en parte, representaban sus mismas historias, dolores y fantasías.
Simultáneamente, colaboró en el diario anarquista La Protesta, dirigió las revistas Rumbo y Campana de palo y la sección literaria del diario socialista La Vanguardia. Sus ideas anarquistas fueron virando hacia el marxismo y se afilió al Partido Comunista donde colaboró con sus publicaciones regulares y sus órganos teóricos durante largos años.
En 1929 se casó con Albina Gandolfi, profesora de dibujo y pintura y militante de los incipientes movimientos feministas, con quien tuvo una hija y un hijo que continuaron con la tradición familiar de los nombres: Alba y Adalbo.
Cuando irrumpió el brutal golpe de estado de 1930, Yunque lo enfrentó decididamente y se transformó en un amplificador de las ideas antifascistas. Esa posición le trajo dificultades con los nuevos inquilinos del poder, pero también con algunos de sus compañeros de ruta. Publicó en esos años los poemarios Nudo corredizo, Poemas gringos, Cobre de dos centavos, La O es redonda y España 1936. También intercaló la escritura de cuentos para sus lectores juveniles, como “Los animales hablan”, “13 años. El andador” y “Poncho”, participó con sus obras en el despertar del Teatro Independiente, dirigido por Leónidas Barletta y trabajó en los diarios Crítica y La Nación y en la revista Caras y Caretas. Años de trabajo frenético, producción incesante, militancia a todo trapo.
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial se dedicó a investigar más la historia y la cultura argentina. En 1941 publicó La literatura social en la Argentina y en 1943 Poetas sociales en la Argentina. El impulso antifascista lo llevó a enfrentarse, también, al gobierno militar que asumió ese año por lo que fue detenido, encarcelado y enviado al exilio que cumplió en Montevideo. Allí trabajó de periodista, continuó con sus investigaciones históricas y publicó Alem, el hombre de la multitud.
Al asumir la presidencia, Juan Domingo Perón declaró una amnistía. Yunque retornó física y literariamente. En esos años y los siguientes combinó narrativa, poesía e historiografía y publicó Tutearse con el peligro, Antología poética, El guerrero sabio, Poesía gauchesca y nativista rioplatense, entre otras obras. Continúo esa línea y retornaron sus personajes infantiles y adolescentes. Publicó Muchachos pobres, Muchachos del sur, La barra de siete ombúes, Calfucura. La conquista de las pampas, Aníbal Ponce o los deberes de la inteligencia, Hombres en las guerras de las pampas y su curiosa traducción al castellano de una antología de escritores orientales llamada Poetas chinos.
Posteriormente, realizó aportes significativos al lunfardo con obras como La poesía dialectal porteña, que le significó su nombramiento como miembro numerario de la Academia Nacional del Lunfardo, y Mocho, precursor del lunfardo. En las últimas décadas, entre otras obras, nos regaló sus Aventureros de todas las noches, Las alas de las mariposas, Los que se aman, se aman, Animalía y Reflexiones no mansas.
Una producción imparable. Hasta que llegó la dictadura militar, prohibió sus obras nuevas por decreto y quemó sus obras anteriores en un intento más por acallar la sabiduría, la denuncia, la imaginación, las enseñanzas del café, el idioma del suburbio, la capacidad de reír.
Fuiste un sensible relator de la vida de los más desprotegidos/as. Inventaste una manera de escribir para que los más pobres leyeran emocionados una parte de sus vidas reales hechas libro. Estudiaste con la misma rigurosidad los hechos pasados, la vida en los bordes de la ciudad o la genealogía de los personajes que compusiste con realismo, y tuviste la fantasía hecha pluma para darles voz a unos animales imaginarios que llenaban las calles vacías y las noches solitarias.
Salú Álvaro! Por tu sencillez para describir situaciones límites sin sensiblería, por tus escritos pegados a la voz y el imaginario popular, por tu compromiso con los más débiles, por tu capacidad literaria para que dejaran de ser invisibles.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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