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Efemérides 12 de Abril – Joséphine Baker

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Artista, espía y luchadora por los derechos civiles

Un día como hoy pero de 1975 se despedía Freda Josephine McDonald, la Diosa de Ébano, cantante, bailarina, actriz afroamericana, espía francesa contra los nazis y activista por los derechos de la comunidad negra y contra todo tipo de discriminación.
Nació en 1906 en Saint Louis, Missouri, EE UU. Hija de Eddie Carson, percusionista de vodevil y Carrie McDonald, lavandera, que se separaron cuando Joséphine era muy pequeña. Su madre volvió a casarse con Arthur Martin, un desocupado crónico con quien tuvo tres hijos. Trabajaba en casas de personas blancas adineradas y alcanzaba solo a sobrevivir. A los ocho años Joséphine la acompañaba a trabajar; fueron los años de mayor maltrato de sus patrones. En una de ellas tuvo que dormir en un sótano junto a un perro que tenía tres patas, rodeados de ratas.
No obstante, hizo un tiempo para cursar la escuela primaria. La pobreza, el maltrato y el trabajo extenuante no fueron impedimento para ir a la escuela. A sus once años fue testigo de la masacre de Saint Louis, que la marcaría el resto de su vida. Durante dos días en julio de 1917 una turba blanca mató a centenares de negros/as en el barrio de la comunidad afroamericana de las afueras de la ciudad, quemó sus casas y expulsó violentamente a 6.000 habitantes.
A los 13 años decidió dejar la escuela y conseguir un trabajo que le permitiera ayudar a su familia y, potencialmente, a independizarse. Consiguió un puesto como camarera en el Old Chauffeur’s Club; allí conoció al músico Willie Wells con quien se casó ese mismo año. La unión duró pocos meses y se divorciaron. Vagabundeó por las calles, juntaba unos dólares gracias a su habilidad para el baile callejero y comía de los tachos de basura. A los 14 años ganó su primer concurso de baile, se unió a un trío de música llamado “Jones Family Band” y comenzó una gira por todo el país. Llegados a Filadelfia conoció al guitarrista de blues Willie Baker que se transformó en su segundo marido. Se ganaba la vida bailando en un pequeño teatro por 10 dólares semanales. La vida en pareja otra vez fracasó. Se divorciaron pero ella mantuvo el apellido de su marido como alias artístico.
Nacía la figura de la enigmática y multifacética Joséphine Baker.
Juntó sus ahorros y se fue a Nueva York. Recaló en el Music Hall de Broadway, insistió en varias pruebas hasta que logró un pequeño papel en la comedia musical Shuffle Along, una obra popular en la comunidad negra. Después de dos años de gira, se incorporó a los Chocolate Dandies y en 1924 ingresó al Plantation Club. Ya se hablaba de ella. Su baile era exótico. Movimientos en los que las partes de su cuerpo parecían moverse al compás de ritmos diferentes, divertida y muy sexy.
Una noche conoció en el club a Caroline Dudley Reagan, esposa del agregado comercial de la embajada de Estados Unidos en París que le ofreció ser la protagonista de un espectáculo musical y un salario de 250 dólares mensuales con la condición de trasladarse a París. El 25 de septiembre de 1925 llegó a Cherburgo, Francia, a bordo del “Berengaria” y el 2 de octubre debutó en el Théâtre de Champs Elysées con la obra “Revue Nègre”.
Su danza salvaje con mínima vestimenta, sensualidad sin inhibiciones y una falda formada sólo por plátanos de tela fue un impacto mayor. Del inicial escándalo pasó al aplauso triunfal. Su música preferida el charlestón. Para hacerlo más exótico incorporó a su espectáculo un guepardo hembra, Chiquita. No fue el único animal que la acompañó en su vida. Tuvo una cabra, Toutoute, que habitaba en forma permanente en su camarín, un loro con el que hablaba antes de salir a escena, una boa, Kiki, y un cerdo, Albert, cuyo lugar de residencia era la cocina de su casa.
Conquistó el París del jazz, el dadaísmo, arte negro y el cubismo. Fue la vedette principal del Folies Bergère, la primera actriz negra en el cine (La Sirène des Tropiques, Zouzou y Princesse Tam Tam) y reconocida modelo fotográfica. En la década del ’30 grabó sus primeros discos e intentó el ansiado regreso a los Estados Unidos. No resultó. El público norteamericano le dio la espalda, persistía la discriminación racial y la crítica fue implacable. Volvió a Francia, se nacionalizó y se casó con el industrial del azúcar Jean Lion, de quien se separó al año siguiente pero sin divorciarse. Tuvo decenas de amantes hombres y mujeres, entre las que se encontró la escritora Colette a quien dedicó “J’ai deux amours” (Tengo dos amores).
Pero también conoció en vivo y en directo las primeras manifestaciones del nazismo creciente. Cuando se produjo la invasión alemana a Francia, no huyó. Fue parte de la Resistencia que la reclutó como espía. Cuando se lo propusieron, respondió, “…Francia es el país que me adoptó sin reservas. Estoy dispuesta a dar mi vida por ella». Tenía cuatro ventajas; su inteligencia, su fama que le permitía acceso a círculos sociales impensados, no era corrupta y tenía un vínculo público insospechable con su jefe en el contraespionaje porque era su pareja. Realizaba actuaciones en varios países de Europa, en las embajadas y en los círculos del poder. Su carisma le abría puertas. Muchos de los asistentes a sus espectáculos eran sus fans. Nadie sospechaba. El enemigo tampoco.
Recolectó numerosa información. Cuando se trataba de datos, los escribía con tinta indeleble en sus partituras. Cuando eran fotos o planos los escondía en su ropa interior. Realizó espionaje en Europa bajo el mando de Jacques Abtey (jefe de la contrainteligencia militar en París) y en Marruecos bajo la protección de Ahmed Belbachir Haskouri (jefe de gabinete del califato de Marruecos). Fue subteniente auxiliar en las Fuerzas Aéreas Francesas e integrante de la cruz Roja.
Terminada la guerra recibió la Medalla de la Resistencia y la Orden Nacional de la Legión de Honor por su valentía y la labor desempeñada. Volvió a la actuación en numerosos cabarets franceses y se casó con el director de orquesta, Joseph Bouillon. En 1955 retornó a EE UU donde actuó y se involucró con los movimientos de derechos civiles. La discriminación racial seguía siendo fuerte. En Nueva York le negaron el acceso a 36 hoteles por ser negra; lo mismo ocurrió en Texas. Pero estaba decidida a triunfar. Inició una gira con una cláusula innegociable: no tocaría en locales donde existiera segregación racial sin importar el dinero que le ofrecieran. Ganó la apuesta.
La gira fue desbordante y terminó con un desfile de 100.000 en Harlem para honrar su título de «Mujer del Año» de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color. Para celebrarlo fue a cenar al Stork Club donde no la atendieron. En una mesa cercana se encontraba la actriz Grace Kelly que observó la escena, se levantó con sus comensales y se fue del brazo de Joséphine. De ahí en más nació una mistad indestructible.
Luego organizó cuatro recitales en el Carnegie Hall a beneficio de los movimientos de derechos civiles y en 1963 participó de la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad convocada por la comunidad negra de Estados Unidos en la que participaron 300.000 personas donde Joséphine Baker fue la única mujer que se dirigió a los asistentes. Comenzó una guerra despiadada en algunos medios masivos de comunicación. La acusaron de comunista (en un momento de intensa persecución contra esa condición), ramera negra y cancelaron su visa de trabajo. Ya había aportado su granito de arena en esa larga lucha desigual y volvió a Francia.
Adoptó a 12 niños y niñas de diferentes nacionalidades (Argelia, Colombia, Finlandia, Francia, Israel, Costa de Marfil, Corea, Marruecos, Japón y Venezuela), razas y edades. Se los conoció como la “Tribu arcoíris” y fue una muestra de integración ante el mundo. Se instalaron en el Castillo de Milandes, en Castelnaud-la-Chapelle, Dordoña. Hundió su fortuna en este proyecto y en 1964 recibió la ayuda económica de varias estrellas del cine como Brigitte Bardot o Grace Kelly, quien la ayudó a relanzar su carrera artística y le prestó una casa en Roquebrune, Francia, hasta su muerte.
Valiente, carismática, incontrolable, musa inspiradora, artista global, espíritu indomable, una integrante alborotadora de nuestra popular imaginaria.
Salú Joséphine! Por no olvidarte de tus orígenes, tus valores innegociables, tu astucia, tu desenfreno.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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