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Efemérides 15 de Septiembre

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Marco Polo

Un día como hoy pero de 1254 nacía Marco Polo, explorador y mercader veneciano que incursionó en viajes y trayectos lejanos y de larga duración y los plasmó en sus relatos que fueron compilados en un libro inédito e inspiraron a futuros exploradores como Vasco da Gama o Cristóbal Colón.
Nació en Venecia en el seno de una familia de comerciantes acaudalados. Hijo de Nicole Anna Defuseh y de Niccoló Polo. Su madre quedó a cargo de la educación de Marco dado que su padre continuó los viajes comerciales en forma regular. Aprendió a leer y escribir y rudimentos de matemáticas y contabilidad que le sirvieron notablemente durante su vida adulta.
Su madre falleció cuando Marco Polo era joven.
Su padre, Niccoló y su tío Maffeo habían establecido puestos comerciales en Constantinopla (actual Istambul) y Sudak, en la actual costa ucraniana en poder de Rusia, tenían una casa en Soldaia (enclave comercial italiano en Crimea) y se aventuraron en expediciones comerciales que los llevaron hasta la corte de Kublai Kan, emperador mongol y nieto de Gengis Kan, en el continente asiático. La travesía duró varios años y, al regresar, el emperador les dio dos encargos: entregar una carta al Papa para que enviara cien misioneros instruidos en las siete artes liberales que profesaban las personas libres y acercarle aceite de la lámpara del Santo Sepulcro de Jerusalén.
En 1269 recalaron nuevamente en Venecia. La esposa de Niccoló había fallecido y se produjo entonces el reencuentro con su hijo. Trató de cumplir con el mandato del emperador mongol pero la sucesión papal estaba en pleno proceso eleccionario. Esperaron dos años para que se arribara a un resultado definitivo respecto a la máxima autoridad eclesiástica pero eso no ocurrió (fue la elección más prolongada de la historia occidental).
En 1271 Niccoló y Maffeo resolvieron emprender un nuevo viaje hacia el este del mundo y llevar a Marco Polo en la travesía. Tenía solo 17 años. Se embarcaron por el Mediterráneo, bordearon la costa italiana hacia el sur y circundaron Grecia. La primera parada fue Acre (actualmente en Israel), donde conocieron al archidiácono de Liège, Teobaldo Visconti, que participaba de la cruzada comandada por Eduardo I de Inglaterra.
La segunda parada fue Jerusalén donde tomaron una muestra que ardía en la lámpara del Santo Sepulcro. Allí se enteraron que Visconti había sido electo nuevo Papa, bajo el nombre de Gregorio X. Retornaron a Acre y le entregaron la carta del emperador mongol. El nuevo pontífice les dio credenciales, bendijo el viaje e indicó que dos frailes dominicos los acompañaran. A los pocos días los monjes decidieron pegar la vuelta.
Ante la imposibilidad de encontrar embarcaciones que los llevaran a India, los exploradores venecianos decidieron tomar la ruta terrestre que implicó alargar el viaje e internarse por los inmensos desiertos de Asia. A caballo o a pie llegaron a Trebisonda (actual Turquía) y atravesaron Armenia hasta llegar a Tabriz (actual Irán), donde descansaron un tiempo y disfrutaron de sus callejones laberínticos, grandes jardines y convulsionados bazares en los pudieron comprar algunos diamantes, rubíes y esmeraldas. La peligrosidad del viaje hizo que ocultaran las joyas dentro de los abrigos en fondos cosidos especialmente.
Transitaron por territorio persa hasta Ormuz, en la entrada del Golfo Pérsico y de allí enfilaron hacia el norte. Utilizaron viejas rutas (entre ellas la de la Seda), alcanzaron Balj (antigua ciudad de palacios de mármol en el actual Afganistán), tomaron como referencia el río Amu-Daria, ingresaron a Bujará, cerca de Samarcanda (actual Uzbekistán), llegaron al Turquestán (en la actual Kazajistán) e hicieron centro en Kashgar (actualmente en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang en la República Popular China); se sumergieron en la cordillera del Pamir, donde se encuentran algunos de los picos más altos del mundo, la atravesaron y continuaron hacia el este.
En algunos lugares se detenían varios meses para mitigar la fatiga, curarse de enfermedades y aprovisionarse. Luego del paisaje de alta montaña, nieve y vientos intensos, se encontraron con los desiertos de Takla Makán y de Gobi. Tardaron un año en cruzarlos de oeste a este. Finalmente, llegaron a los dominios de Kublai Kan que gobernaba China bajo el nombre de Shizu. Su primer encuentro fue en la residencia de verano del emperador en Shang-tu (Xanadú) y luego se trasladaron a Cambaduc, capital estable del reino, cerca de Beijing.
Kublai Kan era aficionado a la literatura, profesaba el budismo pero permitía otras religiones y era devoto de la cultura china. No sorprendió que existiera una inmediata empatía con el curioso Marco Polo que ya hablaba tártaro, persa, árabe y uigur. Lo nombró su consejero, emisario permanente e itinerante con rango diplomático. Cumplió misiones, recorrió innumerables rincones del imperio (el Tíbet, Chengdu, Pagán birmano, Camboya, Siam, Corea, entre otros destinos), registró sus costumbres, sus estilos de comunicación y conducción e informó con precisión y astucia al Kan.
Marco Polo admiró la maestría política con que Kublai Kan manejaba el poder, la eficacia de los doce gobernadores que comandaban 34 provincias, la estructura administrativa del imperio mongol, su red de postas cada 40 km. con jinetes experimentados y caballos veloces, el uso del agua en la economía, la existencia de baños públicos con agua fría para los chinos y caliente para los visitantes como insumo masivo de salud pública, la ciudad de Kinsay edificada sobre canales, con doce mil puentes (ante la cual Venecia parecía una aldea), diez enormes parques y miles de comerciantes.
Pero hubo una invención que lo deslumbró: el papel moneda. Fabricado con una membrana existente entre el tronco y la corteza del moral, humedecida y machacada hasta convertirla en pulpa, cortado en cuadrados de diferente tamaño según el valor del billete, con la firma de varios funcionarios y un sello rojo brillante autorizado por el emperador en carácter de símbolo real.
Era de uso corriente en todo el reino y los habitantes confiaban en esos billetes. Así, evitaban que monedas de oro o plata salieran de su territorio y que esos metales preciosos se acumularan en el tesoro real. Tampoco existían monedas de hierro y la falsificación era penada con la muerte.
En 1292, luego de 17 años al servicio de Kublai Kan, Marco Polo, su padre y su tío emprendieron el regreso. El Kan les dio un último encargo: escoltar hasta su destino a la princesa mongol, Koekoecin, que se casaría con el gobernante mongol Arghun en Persia. Los dotó de salvoconductos y les regaló innumerables joyas. El viaje de vuelta duró tres años, tuvo algunas peripecias (como el enfrentamiento con caníbales en Sumatra) y nuevos paisajes y costumbres a relevar.
Hicieron una posta en Hangzhou y se embarcaron. Recorrieron el Mar meridional de China, la Cochinchina (actualmente sur de Vietnam), la isla de Sumatra, el estrecho de Malaca, el océano Índico, el golfo de Bengala, las costas de Sri Lanka y de India occidental hasta Ormuz (Persia) donde terminaron su escolta de la princesa mongol. Continuaron por territorio persa, bordearon el Cáucaso, descansaron en la ciudad turca de Trebisonda, continuaron hacia su conocida Constantinopla (Istambul) y embarcaron con destino final en Venecia. Era el año 1295.
Su llegada causó curiosidad, asombro e incredulidad. La narración de Marco Polo desató todas esas sensaciones y la muestra pública de las riquezas acumuladas le dio cierto aire de verosimilitud. No obstante, la tranquilidad duró poco tiempo. En 1298 Venecia y Génova entraron en guerra y Marco Polo respondió al llamado de su tierra natal. Armó y comandó una galera, peleó en la batalla naval de Curzola, fue tomado prisionero y estuvo dos años preso.
Ese hecho le permitió conocer en forma fortuita a Rustichello de Pisa, escritor y compañero de prisión, quien se interesó en los relatos de Marco Polo, relevó sus notas privadas y escribió Libro de las maravillas del mundo (o Il milione) en el que encadenó una historia fenomenal. El éxito fue rotundo e inmediato y la influencia fue notable entre marinos, mercaderes y público en general.
En 1300 fue liberado, retornó a Venecia y se casó con Donata Badoer con quien tuvo tres hijas: Fantina, Moreta y Belella. El 8 de enero de 1324 su cuerpo pidió descanso y -cuenta el mito- que antes de fallecer le preguntaron sobre la veracidad de sus relatos. Miró sonriente a sus interlocutores y respondió que no había descripto ni siquiera la mitad de las maravillas que había visto…
Salú Marco Polo! Por tu intrepidez, por develarle un mundo desconocido a Occidente, por tus historias y exageraciones que permitieron soñar a miles de comunes y a nuevos e intrépidos viajeros.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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