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Efemérides 17 de Agosto

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Día del paso a la inmortalidad del Libertador José Francisco de San Martín

Nació en 1778 en la localidad de Nuestra Señora de los Tres Reyes Magos de Yapeyú («fruto maduro», en lengua indígena). Según la historia oficial, hijo de Gregoria Matorras y del Capitán Juan de San Martín, teniente gobernador de esa región. Según otras concienzudas investigaciones, hijo de Diego de Alvear Ponce de León -quien trabajó en la demarcación de límites en puntos conflictivos disputados por portugueses y españoles en la zona del Litoral- y una mujer guaraní, Rosa Guarú, que trabajaba en la casa de los San Martín y amamantó y cuidó al Libertador sus primeros tres años de vida.
En 1781, la familia San Martín regresó a Buenos Aires sin Rosa Guarú y en 1783 viajaron a España. Se instalaron en Málaga, previo paso por Madrid donde José de San Martín comenzó su educación escolar y aprendió latín, francés, castellano, matemáticas, dibujo, retórica, esgrima, matemáticas, historia y geografía. En 1789, comenzó su carrera militar; ingresó como cadete en el Regimiento de Murcia. Lo destinaron al norte de África y, en 1791, enfrentó a los moros en Orán donde sufrieron el fuego enemigo durante treinta y siete días. En 1793, luchó contra los franceses en los Pirineos Orientales donde rechazaron tres ataques generales en veinte días. En 1797 enfrentó a los ingleses contra quienes tuvo su bautismo de fuego en el mar. Fue apresado a bordo de la Fragata Santa Dorotea, estuvo preso más de un año y fue parte de un intercambio de centenares de prisioneros británicos a cambio de tres presos que luchaban por España, entre los cuales se encontraba San Martín.
Nuevamente en tierras españolas, combatió contra los portugueses en la Guerra de los Orange (1802); lo trasladaron a Cádiz en 1804, donde prestó servicios para combatir la epidemia de cólera y en 1808 participó de la victoria contra los invasores franceses en Bailén. En mérito a su valentía recibió el grado de teniente coronel. En 1811 le dieron el mando del Regimiento de Dragones de Sagunto por su actuación en la batalla de Albuera. Pero declinó el ofrecimiento, pidió la baja del ejército español y permiso para dirigirse a América del Sur.
Conocía los acontecimientos que venían ocurriendo en el continente, estaba en contacto con círculos liberales y revolucionarios que impulsaban la emancipación americana y decidió poner su experiencia al servicio de esa gesta. Concedida la baja, el 14 de septiembre de 1811 partió de Cádiz a Londres, donde se entrevistó con Francisco de Miranda, nacido en la Capitanía General de Caracas e integrante de la Logia Gran Hermandad Americana. Luego de cuatro meses de estadía en Londres partió a Buenos Aires y llegó el 9 de marzo de 1812 en la fragata George Canning con su voluminosa biblioteca y su sable mameluco de hoja curvada, junto a su amigo José María de Alvear, Francisco José de Vera, José Matías Zapiola, el español Francisco Chilavert, el tirolés barón de Holmberg. “Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Santiago de Chile, Buenos Aires, resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha”, escribió.
Veni, vidi, vinci.
Su actuación militar era conocida en Buenos Aires e, inmediatamente, el Primer Triunvirato le reconoció su rango militar y le encomendó la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná asediadas por los españoles desde Montevideo. Se creó así el 16 de marzo, el Regimiento de Granaderos a Caballo bajo su comandancia. Disciplina, involucramiento con el destino de su tierra e intervención en la vida pública, ejemplaridad social y respeto irrestricto al código de honor interno fueron sus coordenadas. Entre mayo y junio, fundó la Logia Lautaro para influir en los acontecimientos políticos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y luchar por la independencia. El 12 de septiembre se casó con María de los Remedios Escalada, quien había roto el compromiso que tenía con Gervasio Dorna al conocer a San Martín. El tenía 34 años, ella solo 15. Fue un matrimonio difícil y distante. Volvieron a verse a fines de 1814 en Mendoza.
Sin solución de continuidad, ante la intolerancia y centralismo sofocante del Primer Triunvirato, actuó. El Regimiento de Granaderos y el Batallón de Arribeños tomaron la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) en la madrugada del 8 de octubre de 1812 mientras la Logia y la Sociedad Patriótica movilizaron a los vecinos. El Triunvirato no soportó la presión y renunció. Comenzó el Segundo Triunvirato. Paralelamente, perfeccionó en forma personal la instrucción militar de su Regimiento. El 3 de febrero de 1813 tuvieron su bautismo de fuego en la batalla de San Lorenzo y derrotaron a los realistas con una estudiada estrategia de pinzas. El 10 de agosto de 1814 fue nombrado Gobernador de Cuyo y allí destacó sus dotes de administrador con medidas excepcionales: no remitió al gobierno central lo recaudado por impuestos a los productos cuyanos ni el diezmo eclesiástico al arzobispado de Córdoba y estableció una contribución extraordinaria, a razón de medio peso por cada mil de bienes declarados. Toda una novedad para el sistema impositivo vigente. Expropió las propiedades de los españoles prófugos, vendió tierras públicas para su cultivo en Mendoza y San Juan, construyó el primer canal de riego matriz, estableció un laboratorio de salitre y una fábrica de pólvora, inició la metalurgia con la fábrica de cañones a cargo de fray Luis Beltrán, organizó el correo y la policía, prohibió los castigos corporales, reglamentó el sistema carcelario, promovió la protección del vino cuyano, dictó la primera ley protectora de los derechos del peón rural. Un todoterreno.
Presionó al Congreso de Tucumán para que dictara la Independencia, instruyó especialmente al delegado cuyano Tomás Godoy Cruz para impulsarla y tejió una alianza decisiva con Francisco Narciso Laprida, presidente del Congreso al momento de la declaración de la Independencia. Inmediatamente, entre el 14 y el 22 de julio, mantuvo una reunión con Juan Martín de Pueyrredón a quien convenció de sostener y solventar la Campaña de los Andes y la constitución de su ejército.
El 1º de agosto de 1816 se creó el Ejército de los Andes que reunió a más de 5000 hombres (2500 negros y mulatos) e incorporó áreas claves como logística, ingeniería, sanidad e información. El 24 de agosto nació su única hija, Mercedes Tomasa a quien solo vería años después, con quien partiría al autoexilio y a quien dedicaría un esfuerzo permanente en su educación en tierras lejanas.
Entre el 12 de enero y el 9 de febrero de 1817 ese ejército cumplió la hazaña de cruzar la Cordillera de los Andes para liberar Chile. Una gesta comparable a la del general cartaginés Aníbal cuando cruzó los Alpes para marchar sobre Roma. Triunfó en las batallas de Chacabuco y Maipú, luego de una inesperada derrota en Cancha Rayada, y liberó las tierras trasandinas donde nombraron director supremo a su compañero de armas Bernardo O’Higgins.
Se quedó en Chile para preparar la Expedición Libertadora del Perú, resistiendo varias presiones del Directorio en Buenos Aires para que regresara a reprimir a los caudillos federales Estanislao López y Pancho Ramírez. Finalmente, zarparon de Valparaíso con San Martín como jefe del Ejército Unido Libertador del Perú y el escocés Thomas Cochrane como comandante de la flota naval. Luego de una campaña con una serie de victorias militares y numerosas negociaciones fracasadas, entró a Lima, declaró la independencia del Perú el 28 de julio de 1821 ante una multitud y fue nombrado Protector del Perú con autoridad civil y militar. Dictó un Estatuto Provisorio de Gobierno y envió fuerzas para ayudar a las tropas comandadas por Bolívar que vencieron a los realistas en Riobamba y Pichincha. El 26 y 27 de julio de 1822 se produjo la intrigante y nunca develada Entrevista de Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar en la que nuestro general cedió la iniciativa y la conclusión de la campaña al militar venezolano.
Retorno, decepción y final.
Meses después renunció a sus cargos en el Perú y retornó a Cuyo, donde pidió permiso para regresar a Buenos Aires ya que su esposa estaba enferma. El ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia se lo negó e intentó juzgarlo por su antigua negativa de reprimir a los caudillos federales. Desacató la orden del gobierno central y viajó a Buenos Aires, pero no alcanzó a ver a su esposa que había fallecido días antes. Enfrentó las absurdas acusaciones de conspiración y las conjura, pero decidió irse del país con su hija Mercedes. En 1829 intentó su vuelta. No descendió del barco que lo trajo, ameritó la situación con sus amigos, reconoció la actuación del gobernador Juan Manuel de Rosas ante la prepotencia de los ingleses, pero se negó a participar de la virtual guerra civil imperante. Retornó a Europa. Luego de una breve estadía en Escocia, vivió en Bruselas y, finalmente, se instaló en Francia donde residió con su hija hasta su muerte.
Audaz en la batalla, agudo para descifrar los vaivenes políticos, actor relevante de los acontecimientos de su época, protector de sus subordinados y feroz con sus enemigos, administrador eficaz, simpático pero de pocas palabras, misterioso e intrigante, dramáticamente lejano de su esposa y riguroso guía de su hija. Genio y figura en esta parte del mundo que todavía nos duele y nos emociona.
¡¡Saludos General!! De parte de un humilde y orgulloso Granadero del Escuadrón San Lorenzo…

Ruben Ruiz
Secretario General 


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