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Efemérides 19 de Mayo – Jaime de Nevares

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Don Jaime, un obispo incómodo para los poderosos

Un día como hoy pero de 1995 se despedía Jaime Francisco de Nevares, sacerdote, obispo de la diócesis de Neuquén y convencional constituyente electo en su provincia para la Reforma de la Constitución Argentina de 1994.
Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1915, en el seno de una familia adinerada. Cursó sus estudios secundarios en el colegio Champagnat, miembro de la congregación marista, y se recibió de bachiller. Integró la comunidad llamada Conferencia Vicentina donde se acercó con regularidad a las prácticas activas de la iglesia en las comunidades y a una mayor espiritualidad.
En 1940 se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, en 1943 ingresó al seminario de Fortín Mercedes y un año después comenzó a estudiar latín y se desempeñó como docente de escuela primaria.
En 1945 ingresó en la congregación Salesiana y durante sus últimos cuatro años cursó Teología en el “Instituto Internacional Salesiano de Teología” de Córdoba. En 1951 fue ordenado sacerdote. Su primera designación fue como integrante del equipo de dirección del colegio salesiano La Piedad, en Bahía Blanca, y en la dirección del estudiantado filosófico y noviciado de los salesianos en Viedma.
En junio de 1955 las casas de la Inspectoría Salesiana de la Patagonia Norte fueron víctimas de hechos represivos y en junio, previo al golpe militar, varios integrantes de la diócesis fueron presos a la cárcel de Bahía Blanca, entre los cuales se encontraba Jaime de Nevares.
En 1961, el papa Juan XXIII lo designó obispo de la recientemente constituida diócesis de Neuquén y en 1962 participó como padre conciliar en el Concilio Vaticano II, donde se alineó con las tendencias renovadoras.
Siempre sostuvo que ese encuentro mundial había sido un curso acelerado para ser pastor.
En 1968, formó parte de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que tuvo lugar en Medellín, Colombia y en donde fue el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) quien definió los temas, la mecánica de trabajo y la elección de los conferencistas con la aprobación del Vaticano. Eso permitió que la cruda realidad latinoamericana fuera discutida por sus actores cercanos y cotidianos interpelados por sus fieles junto a los miembros designados por el Papa. Esas discusiones y conclusiones sirvieron de base para el nacimiento de la llamada Teología de la Liberación.
Ya la Encíclica Populorum Progressio había llamado la atención del obispo de Neuquén que había ordenado distribuir 30.000 ejemplares de la misma en su diócesis. Su actuación pastoral estaría regida por estos preceptos y serían su marca registrada.
En diciembre de 1969 comenzó la primera gran huelga de los trabajadores que construían la Central Hidroeléctrica El Chocón-Cerro Colorados, conocida como “El Choconazo”. Las precarias condiciones de trabajo, la indefensión sindical y los reclamos salariales fueron los detonantes. Los pedidos eran concretos: 40% de aumento salarial, medidas de seguridad en el proceso de las voladuras, adicionales por tareas riesgosas y zona inhóspita, reconocimiento de los delegados gremiales, autorización para realizar asambleas durante el sábado inglés.
El 23 de febrero de 1970 comenzó la segunda huelga que produjo grandes enfrentamientos con la policía y la gendarmería, manifestaciones de solidaridad entre los habitantes de Neuquén y varios sindicatos de la zona y tuvo una gran repercusión nacional.
El obispo Jaime de Nevares ofició como portavoz de los trabajadores en huelga y luego fue mediador ante las autoridades provinciales y nacionales. “La obra nacional del siglo corre peligro convertirse en la vergüenza nacional del siglo”, aseveró y fue presionado para alejarse del conflicto pero su postura consecuente lo convirtió en el “obispo del Choconazo”.
La dictadura militar gobernaba nuestro país. La resistencia popular crecía. En 1971, el obispo de Nevares y el presbítero emitieron una declaración en la que anunciaron su decisión de estar presentes junto al pueblo y apoyar toda iniciativa que se dirija al bien de todos. Por esa razón, “comunicaron que se ausentarían de los lugares de privilegio que insinuaran una adhesión a una situación que no reflejara el sentir del pueblo; por ejemplo, de los palcos en los actos oficiales». Tiempo después organizó la “Misa por la Justicia”, en la que denunció las condiciones carcelarias de los presos políticos y pedía su libertad. Un desafío al poder militar desde los confines de la Patria.
En otro orden, adhirió a su diócesis al Equipo Diocesano de Pastoral Aborigen y creó los equipos pastorales de Migraciones, Situación Social y Carcelaria. En 1975 fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y en febrero de 1976 del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos contra el estado de violencia y de quiebre institucional que se vivía.
Después del golpe militar del 24 de marzo de 1976 se constituyó, junto al obispo de Quilmes, Jorge Novak y al obispo de Viedma, Miguel Hesayne, en la línea más confrontativa de la iglesia contra la dictadura. Denunció el asesinato del obispo de La Rioja, Enrique Ángel Angelelli, abrió su diócesis a los desamparados, a los perseguidos y a los familiares de desaparecidos, organizó las “Marchas de la fe”, los llamados a “No quedarnos callados”, “A no tener miedo”, hizo famosas “las cartitas de don Jaime” que intentaron dar ánimo ante el horror dictatorial. Ayudó a centenares de refugiados chilenos que huían de la dictadura de Pinochet y luego organizó el empadronamiento y la logística para que pudieran votar por el NO en el plebiscito de 1989 con el que el dictador chileno intentó eternizarse en el poder del país trasandino.
Esa actividad lo alejó de los lugares de poder de la curia argentina y le impidió participar de los debates del Consejo Episcopal Latinoamericano pero consolidó su arraigo y su vínculo con el pueblo. Durante 1983 y 1984 fue integrante de la CONADEP y fue claro en su postura: «Es necesario un examen de conciencia de la Iglesia argentina en relación con su actitud durante la dictadura militar». Posteriormente, se opuso a la ley de Punto Final de 1986 y a la Ley de Obediencia Debida en 1988 (durante el gobierno de Alfonsín) y estuvo en contra el indulto impulsado por el gobierno de Menem en 1989. No cambió su postura ante el genocidio dictatorial ni ante las posturas débiles de los gobiernos democráticos.
El 10 de abril de 1994 ganó las elecciones de convencionales constituyentes en la provincia de Neuquén con el 30% de los votos ante los aparatos partidarios del Movimiento Popular Neuquino, el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical. Integró la boleta del Frente Grande casi sin recursos y con una estructura mínima. El apoyo popular fue su sostén.
Se opuso al Pacto de Olivos entre el PJ y la UCR y se negó a votar la reforma como un “paquete cerrado”. Impugnó la validez de ese procedimiento que viciaba de nulidad a la Convención y sus decisiones, denunció públicamente la entente parlamentaria y renunció a su cargo.
Falleció al año siguiente tras una larga enfermedad. Su legado continuó intacto y aún hoy es reconocido por miles de humildes y olvidados de las políticas oficiales. Poco antes de morir sintetizó el traspaso de su pensamiento y su accionar a las nuevas generaciones creyentes: “Tata Dios nos pide coraje, que no nos achiquemos…”
Salú Jaime de Nevares! Por tu solidaridad inspiradora, por tu firmeza ante los poderosos y tu capacidad de organización colectiva fundada en la firmeza y el humanismo. Un integrante necesario de nuestra popular imaginaria.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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