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Efemérides 22 de Marzo – Julieta Lanteri

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Julieta Lanteri

Un día como hoy pero de 1873 nacía Julia Magdalena Ángela Lanteri, médica, farmacéutica, sufragista y política ítalo-argentina. Una de las pioneras del feminismo en nuestro país.
Nació en Briga Marittima, Italia, y a los seis años llegó a la Argentina con sus padres y su hermana, Regina. Vivieron en la ciudad de Buenos Aires hasta que en 1884 se mudaron a La Plata, flamante capital de la provincia homónima. Fue la primera mujer en ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata, institución exclusiva para varones que la habilitaba para ingresar a la universidad.
En 1896 solicitó el ingreso a la Facultad de Medicina de la UBA hasta ese momento vedada para las mujeres. El decano de esa facultad, Leopoldo Montes de Oca, le extendió un permiso para matricularse. Aprobó el curso preparatorio e inició un camino que requirió gran temple ante todo tipo de discriminaciones que sufrió en esa casa de estudios. En 1898 se recibió de farmacéutica y el 11 de abril de 1907 se recibió de médica luego de aprobar con un promedio de ocho puntos. Su tesis se llamó Contribución al estudio del deciduoma maligno y durante 10 años ocupó el cargo de Médica de la Asistencia Pública.
Previamente, había iniciado su militancia social y política. En 1904, junto a Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Sara Justo y las hermanas Elvira y Ernestina López, fundó la Asociación Universitarias Argentinas y en 1906 asistió al Congreso Internacional del Libre Pensamiento donde se discutió sobre la igualdad de hombres y mujeres, derechos políticos y divorcio. Esa participación la decidió a crear el Centro Feminista de Librepensamiento y Liga Nacional de Mujeres Librepensadoras.
En 1909 pretendió iniciar la carrera académica en la UBA y solicitó su adscripción a la cátedra de Enfermedades Mentales; los escollos fueron innumerables. El primero fue su nacionalidad italiana. Acudió entonces al estudio de la primera abogada argentina, Angélica Barreda, e inició los trámites para obtener la ciudadanía argentina. En esos años trabajaba en la organización de un encuentro feminista internacional en Buenos Aires que, finalmente, se realizó entre el 18 y 23 de mayo de 1910 en el salón de la Sociedad Unione Operai Italiani donde mujeres de Argentina, el resto de Sudamérica y Europa discutieron sobre igualdad de derechos civiles y políticos entre hombres y mujeres, educación laica, mixta e igual para ambos sexos, independencia económica de las mujeres, igualdad salarial, el divorcio y la abolición de la prostitución. Fue una muestra de organización feminista que asombró al mundo.
No todo fue lucha. En medio de esa dinámica militante se enamoró de Alberto Renshaw, migrante estadounidense, de profesión empleado, con pocos recursos económicos y trece años menor. Se casaron el 6 de junio de 1910 solo por civil y con la condición de no adosar la preposición “de” por lo que el apellido inscripto fue Lanteri-Renshaw. El matrimonio duró pocos meses pero la separación no fue traumática y su relación posterior fue amistosa.
En paralelo, continuaba con su trámite por la ciudadanía argentina. Tuvo tres despachos desfavorables que logró revocar y una carta de su ex marido autorizando el pedido. Finalmente, el 15 de julio de 1911 le fue extendida la carta de ciudadanía. Con esa certificación se presentó y solicitó el cargo de profesor suplente. Esta vez la excusa para impedirlo no fue su lugar de nacimiento sino simplemente su condición de mujer.
Ese mismo año la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los ciudadanos a actualizar sus datos en el padrón electoral. Los requisitos eran: “ser ciudadano mayor, residente en la ciudad, tener un comercio o industria o ejercer una profesión liberal y pagar impuestos”. Julieta advirtió que no había referencia al sexo y, junto a su abogada Barreda, presentaron una petición de incorporación al padrón constituido solo por varones. El juez falló a su favor y el 26 de noviembre de 1911 fue la primera mujer sudamericana que ejerció su voto. Lo hizo en la iglesia San Juan Evangelista del barrio de La Boca y el presidente de esa mesa era el historiador Adolfo Saldías que la felicitó por ser la primera sufragista latinoamericana. Ese mismo año fundó junto a la feminista Raquel Camaña, la Liga pro Derechos de la Mujer y del Niño y tiempo después convocaron al Congreso Nacional del Niño. Desarrollaba todas estas actividades mientras atendía su consultorio en Avenida de Mayo 981.
Sin embargo, la ley electoral nacional le prohibía presentarse como candidata ya que una condición era haber haberse enrolado para el servicio militar. Se presentó, entonces, a las autoridades militares y les exigió que la enrolaran. La petición fue denegada y dio batalla en el campo judicial. En 1919 formó el Partido Feminista Nacional y logró que el órgano electoral legalizara su candidatura para las elecciones convocadas para el 7 de marzo de 1920.
Su presentación forzó a que el Partido Socialista incluyera una candidata mujer en el tercer lugar de preferencia. Su campaña electoral fue una novedad y su programa también: licencia por maternidad y subsidio por hijo, igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos, horario laboral femenino de 6 horas, equidad salarial entre varones y mujeres, prohibición de la venta de bebidas alcohólicas, sufragio universal para ambos sexos, abolición de la pena de muerte y la prostitución, divorcio vincular y representación proporcional de las minorías en todas las categorías electorales. Fue un mojón importante en la lucha por la igualdad.
En agosto de 1927 la justicia falló en su contra en las costas del juicio por el pedido de enrolamiento lo que le produjo serios problemas económicos. No obstante, continuó presentándose como candidata en la Capital Federal y tuvo tiempo para desarrollar un tratamiento contra la calvicie masculina. Hasta que llegó el fatídico 23 de febrero de 1932 en el que un automóvil conducido por David Klapenbach, miembro del grupo paramilitar Liga Patriótica, la arrolló en Diagonal Norte y Suipacha y huyó del lugar. El hecho fue caratulado como accidente y nunca se esclareció. Dos días después Julieta Lanteri falleció en el Hospital Rawson a causa de los golpes recibidos en el choque.
Firme ante las adversidades, íntegra ante las discriminaciones, eficaz en las luchas que encaró.
Salú, Julieta!! Por tu capacidad para superar límites, por tu trajinar incansable para sumar pequeños triunfos que dejaron una huella imborrable, por tu decisión para luchar por la igualdad de las mujeres, tu perseverancia para develar la hipocresía de las instituciones y la perversidad del machismo ancestral.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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