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Efemérides 23 de Diciembre – Enrique Santos Discépolo

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Enrique Santos Discépolo

Un día como hoy nos dejaba Enrique Santos Discépolo, Discepolín, tanguero fundamental, compositor de letras siempre vigentes, músico, dramaturgo y cineasta.
Hijo del músico italiano Santo Discépolo y de Luisa Deluchi, nació en el porteño barrio de Balvanera y cursó la primaria en el Colegio de Guadalupe de Salguero y Paraguay. Quedó huérfano de padre a los cinco años y huérfano de madre a los nueve. Infancia triste y solitaria. Lo separaron de su hermano mayor, Armando. Fue a vivir con unos tíos serios, distantes, que lo vestían con esmoquin y corbatita para la cena y lo educaban con una disciplina estricta.
Pero cuando Armando se casó, lo invitó a vivir en su casa y la vida de Discepolín cambió rotundamente. Su hermano lo acercó al mundo de la cultura, la bohemia y la interpretación. Ingresó al Normal Mariano Acosta para ser maestro pero en la práctica cotidiana descubrió que su pasión era la actuación y la lectura. A los 15 años “pateaba” el sur y el centro de la ciudad y paraba en los cafetines. A los 16 debutó como actor en “Chueco Pintos” y al año siguiente estreno su primera obra de teatro “El Duende”. Compartió largas trasnoches con Juan de Dios Filiberto y Quinquela Martín y se acercó al grupo literario “Boedo” con lo cual profundizó su compromiso social.
En 1923 se estrenó la obra “Mateo” de su hermano Armando que tuvo gran repercusión, a tal punto, que los carruajes de las plazas adquirieron ese nombre y meses después los hermanos Discépolo estrenaron “El organito” un fresco de personajes marginales, frustrados y escépticos. Unos amigos de Montevideo le enseñaron a tocar la guitara y comenzó un mayor acercamiento a la música. Creó con su hermano su primer tango, “Bizcochito”. Su vida económica no relucía. En ese contexto de limitaciones surgió otro tango, “Que va chaché”, sin gran repercusión.
En 1928 Azucena Maizani cantó el tango “Esta noche me emborracho”, compuesto por Discépolo, y lo transformó en un éxito. La taba se dio vuelta y comenzó a ser conocido en el ambiente tanguero. Estrenó “Chorra” e insistió con “Que va chaché” que Tita Merello transformó en otro éxito. Ese año conoció a Anita Luciano Divis, Tania, se enamoraron y vivieron juntos en un departamento de Cangallo y Rodríguez Peña. La composición crecía, se estrenaron “Malevaje”, “Soy un Arlequín” y “Qué sapa, señor?”
Carlos Gardel también grabó sus tangos y creció su popularidad como compositor. Se produjo el golpe de estado contra Hipólito Yrigoyen y se estrenó su tango “Yira, yira” que causó un gran impacto. La crisis económica se agudizó en el mundo y comenzó la Década Infame en nuestro país. Su preocupación por la miseria reinante y el deterioro social las expuso en pequeñas obras de teatro que corporizaron el inicio del grotesco rioplatense y en obras musicales como “Wunderbar” y “Tres esperanzas”.
En 1934 compuso una obra maestra, un collage de personajes que escenifican la condición humana cuando se desliza por el tobogán: “Cambalache”. En su letra mezcló a San Martín y Napoleón con Stavisky que era un estafador argentino, a don Bosco -fundador de la Congregación Salesiana- con “don Chicho”, el apodo del mafioso rosarino Juan Galiffi, y a Carnera, boxeador italiano campeón del mundo con la Mignon, una presunta amante. Una síntesis que aún tiene gran vigencia. Y completó el año con el nostálgico y expresivo “Quien más, quien menos”.
En 1935 emprendió una gira por Europa donde se encontró con Federico García Lorca y otros escritores. Volvió hondamente preocupado por lo que vio. El ascenso del nazismo, el fascismo en Italia, la Guerra Civil española. Instalado nuevamente en Buenos Aires, incursionó en el cine como director, actor y guionista y compuso “Alma de bandoneón” y “Desencanto”. Su estilo se iba expandiendo y se animó con el vals como en “Sueño de juventud” o con tangos burlones como “Justo el 31” o pasionales como “Confesión” o “Canción desesperada”.
A principios de la década del cuarenta formó una sociedad tanguera exquisita con Mariano Mores que exprimió el sentimiento porteño como pocas veces y de la cual surgieron “Uno” y “Cafetín de Buenos Aires”. Palabras mayores, nostalgia espesa, honda elegía urbana.
El gobierno militar del ’43 intentó suprimir la existencia del lunfardo y las referencia a la embriaguez, a la vida rea, a la indisimulable prostitución. En la volteada cayó “Uno”, sin explicación aparente. Discépolo ya era integrante de Sadaic y batalló para explicar la posición absurda de esa prohibición sin resultados. En 1949, en una reunión con el general Perón, le remarcaron la existencia de esta norma restrictiva quien aseguró no estar al tanto de la misma y luego del encuentro ordenó su caducidad. Fueron seis largos años de una prohibición lamentable.
En 1951 escribió el guion y protagonizó la película “El hincha” que fue una recreación de las nuevas relaciones sociales existentes. El Ñato, hincha emblemático del Victoria Futbol Club era un trabajador de un taller, habitué del café con sus amigos y luchador incansable para que su club no descendiera; batallaba cotidianamente contra dirigentes corruptos y jugadores desaprensivos que habían perdido el amor por la camiseta. Finalmente logra su cometido y el festejo tiene las características del clásico ritual peronista. Era una demostración palpable del ascenso popular pero también de la pasión honesta de un simple simpatizante que no se escudaba en la violencia ni pretendía beneficios económicos por su actitud.
El acercamiento de Discépolo al peronismo fue paulatino pero firme y creciente. Quizás su punto más conocido fue su participación en el programa emitido por Radio Belgrano llamado “Pienso y digo lo que pienso” que fue elevando su defensa de las acciones del gobierno peronista y en el que nació un famoso personaje: “Mordisquito”. El prototipo de opositor a ultranza. Los contrapuntos de Discépolo con ese personaje comenzaron a ser emblemáticos por la verosimilitud de las actitudes contrapuestas y los argumentos fácilmente reconocibles por el público. Fue una saga muy apreciada pero también le produjo una gran aversión de los verdaderos opositores que llegaron a situaciones insólitas de agravio.
Decidió mudarse a la provincia de Buenos Aires y retirarse del acoso cotidiano pero ingresó en un profundo estado depresivo. La crítica se transformó en odio de clase expuesto públicamente y esa muestra de exasperación inaudita lo quebrantó. Fue una característica de la época que con Discépolo se exacerbó. Su sensibilidad no lo soportó y no estuvo dispuesto a ser parte de la insensatez.
Artesano de la convergencia entre letra y música para darle a sus tangos unidad temática, cultor de la combinación rítmica y melódica, narrador ingenioso para combinar drama con ironía, nostálgico y realista, amante del sentimiento popular con precisión poética.
Salú Discepolín!! Por tus tangos que nos hacen únicos, por tus acordes que llevan en andas a las letras, por tus postales urbanas y tus sonidos reconocibles y amigos. Un capo para nuestra popular…

Ruben Ruiz
Secretario General 


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