img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
home2
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_19
img_home_18
img_home_13
img_home_13
img_home_12
img_home_11
img_home_7
previous arrow
next arrow
Shadow

Efemérides 24 de Mayo – El Mosquito

Compartir

 

Humor político, caricatura picante y desparpajo

Un día como hoy pero de 1863 se fundaba la revista El Mosquito, legendaria publicación satírica-burlesca con caricaturas, que retrató a los personajes y hechos políticos de la época, las noticias relevantes de la sociedad y dio entidad pública a diversas denuncias y tragedias.
El antecedente más notorio fueron las publicaciones del padre Francisco de Paula Castañeda, capellán de los soldados irlandeses católicos durante las invasiones inglesas que operó hábilmente para que desertaran; luego, apoyó la Revolución de Mayo y, más tarde, defendió los privilegios de la iglesia cuando soplaron vientos reformistas. Lo hizo desde la prensa con un estilo novedoso.
En realidad eran registros litográficos con textos mordaces y provocadores que gozaban de popularidad. Utilizó nombres llamativos para sus hojas o periódicos: El despertador Teofilantrópico Místico Político, El Desengañador Gauchipolítico, Doña María Retazos, La verdad desnuda, La lobera. Un verdadero innovador y audaz protoperiodista. Otro antecedente público fue el periódico ilustrado El Museo Americano, fundado en 1835 por el suizo Hipólito Bacle, en el que grababan dibujos que ridiculizaban algunas costumbres cotidianas de los habitantes de Buenos Aires.
Pero once años después de la batalla de Caseros nació El Mosquito, que compitió con diarios consolidados que construían sentido y juicios de valor como La Nación, La Prensa, El Nacional o La Tribuna dirigidos por Bartolomé Mitre, José C. Paz, Dalmacio Vélez Sarsfield o Adolfo Alsina.
Ingenio artístico, innovación estilística, olfato popular, crítica eficaz. Esos fueron algunos de los méritos de la nueva publicación para ocupar un lugar entre los diarios “serios”. Fue una época en que germinaban imprentas y litografías al calor de un nuevo público cansado de ver reflejada la realidad en forma binaria, sin posibilidad de incorporar novedades o discutir desde nuevos formatos.
El elemento que utilizó fue el humor político. El sarcasmo y la burla sagaz fueron sus marcas de identidad. La caricatura, su estilo preferido; el público masivo, su objetivo; la crítica política y social, su combustible. El primer director y caricaturista de El Mosquito fue el francés Henri Meyer. Astuto y experimentado dibujante, sin vinculaciones con el poder político de turno, impulsó la sátira política sin desarrollar su lado social, lo que le permitió sobrellevar los embates de los grandes diarios y la incorporación de la publicidad –toda una novedad– para sostenerse financieramente. Su primer redactor fue Luciano Choquet, un español andariego que pronto se convertiría en su director.
Salía los sábados y, luego, los domingos. Eran cuatro páginas en papel de diario. Su tirada inicial fueron 1500 ejemplares. Su crecimiento exponencial. Paso a paso, el dibujo tuvo más protagonismo que la palabra escrita y el humor festivo y corrosivo permitió al periódico entrometerse en la crítica social con apoyo de los lectores.
En 1868 ingresó como dibujante el francés Henri Stein, el verdadero hacedor del despegue. Había llegado a la Argentina para ser agricultor y apicultor. Ante su rotundo fracaso se dedicó a la ebanistería y a aprender dibujo. Su peso fue creciendo dentro de la publicación y su estilo se fue puliendo. El staff era de Primera A: el editor gerente era Milhas Víctor, los otros caricaturistas eran el español Eduardo Sojo (alias Demócrito) y el argentino Carlos Clérice, los redactores eran Eduardo Wilde (alias Julio Bambocha) y Estanislao del Campo.
El espacio para la publicidad crecía. Confitería A Los Dos mundos, Hotel Frascati, Sastrería Saclier, Vinos Loubet, cerveza Bieckert y relojería Jules Bienaime eran algunos de sus sponsors. La publicación se transformaba en un producto comercial y empujaba el consumo masivo. Simultáneamente, profesionalizaba los oficios de ilustrador, redactor y editor.
Sus caricaturas cautivaban e influenciaban en la consideración popular de los personajes reales. La exageración en los perfiles era imbatible en el gusto masivo: el mentón de Sarmiento, la nariz de Alsina, los habanos de Mitre. Para más, incorporó un nuevo elemento disparador: los sobrenombres. El presidente Sarmiento era “La Solterona Dominga” o el “Duque de Carapachay”, Roca era “El zorro”, Avellaneda era “Chingolo”.
En 1872 Stein ocupó el cargo de director gerente y en 1875 el de director propietario. En esos momentos la tirada superaba los 30.000 ejemplares. Pero las disputas políticas interminables, los intereses comerciales, la aparición de nuevos medios gráficos, las divergencias ideológicas y las relaciones profesionales cruzadas hicieron mella en la publicación.
Stein se inclinaba políticamente por el autonomista Adolfo Alsina e influenciaba en la línea del periódico. En esos momentos, los adversarios políticos de Alsina le propusieron a Stein que se hiciera cargo del periódico La presidencia. Insólitamente, aceptó el convite bajo el seudónimo de Carlos Monet y comenzó a criticar a El Mosquito aunque escribía y dibujada en ambas publicaciones. Además, colaboraba con otros medios de menor trascendencia: El Plata ilustrado, La revista Criminal, Antón Perulero y La Orquesta.
No obstante, su oposición a La Nación (y por consiguiente, a Mitre), su enfrentamiento a las revistas clericales como La Unión y La Beata, las denuncias sobre crímenes como el de Olavarría, en el que un cura español mató a su esposa e hija, o los anuncios anticipados de hechos políticos relevantes, le permitían gozar de alta consideración popular.
En 1884 apareció otro gran periódico de humor político: Don Quijote, de la mano del ilustrador y periodista Eduardo Sojo, que también trabajaba en El Mosquito. Y allí, se dividieron aguas. Sojo tenía mayores habilidades como cronista y una percepción más profunda de los cambios que se producían en la sociedad y sus inclinaciones culturales y políticos. Interpeló a sus lectores como público y como pueblo, tuvo definiciones políticas más tajantes, se enfrentó sin medias tintas al poder estatal y detectó la necesidad de una nueva prensa masiva, arraigada en el gusto popular. Por eso mismo, sufrió presiones y censuras de diferentes gobiernos. No obstante, sobrevivió 20 años.
Todo este combo fue demasiado para El Mosquito y su director propietario. Stein decidió vender la marca a una sociedad anónima, aunque quedó a cargo de la administración y de las ilustraciones. Finalmente, el 16 de julio de 1893 salió el último número de la publicación emblemática. Stein se dedicó a vender libros, lápices y papeles en un local que había abierto en Avenida de Mayo.
La historia del humor y la caricatura política argentina tiene ese origen. El padre Castañeda, El Museo Americano, El Mosquito, El Quijote. Huellas imborrables que permitieron la aparición en el tiempo de Caras y Caretas, PBT, la tira “El Tigre de los llanos” en el diario Crítica, Última Hora, Hora cero, Mort Cinder (publicado en Mixterix), Satiricón, Mafalda, El Eternauta, Hortensia, Fierro, Humor y, en parte, la revista Barcelona.
El Mosquito picó en punta, ilustró una época y se rió de los poderosos de turno con creatividad.
Sus páginas también nos pueden dar una pista de nuestra convulsionada historia…

Ruben Ruiz
Secretario General 


Compartir
Volver arriba