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Shadow

Efemérides 04 de Diciembre – Frank Zappa

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Músico infinito, activista por la libertad de expresión y crítico implacable del poder

Un día como hoy pero de 1993 se despedía Frank Vincent Zappa, guitarrista, compositor, cantante, productor discográfico y director de cine estadounidense que desafió los límites musicales, se enfrentó sin tapujos a los gobiernos republicanos, a buena parte de los demócratas, a los telepredicadores religiosos, a los racistas, a la policía, a los miembros de la cienciología y criticó con precisión a hippies, sindicatos y algunos intelectuales.
Nació en 1940 en Baltimore, Maryland. Hijo de Rose Marie Colimore y de Francis Zappa, químico y matemático que trabajaba en un terreno de pruebas militares de Aberdeen donde se probaban armas, cercano a su casa. La utilización permanente de gas mostaza producía enfermedades en los habitantes de alrededor. Esa fue una de las causas del asma, dolores de oído y sinusitis que Frank Jr. sufrió durante su infancia y adolescencia.
Debido a esa situación la familia Zappa se mudó en varias ocasiones. Primero a Monterrey, estado de California, donde el padre fue profesor de metalurgia en una escuela naval, luego a Claremont, más tarde a El Cajón y, finalmente, a San Diego, en el mismo estado californiano.
En esas tierras se encontró con el rhythm and blues.
Inició sus estudios secundarios en la Mission Bay High School, donde integró su primera banda como baterista, The Blakcouts. Su curiosidad por la percusión se acrecentó. A los doce años había tenido su primer redoblante, su primer tocadiscos, y más tarde, accedió a una nota a Edgard Varèse, el futuro padre de la música electrónica, que lo intrigó y lo transformó en un seguidor. Al mismo tiempo, su padre lo incentivaba a escuchar diversos ritmos musicales: música clásica, R&B, doo wop, jazz moderno, rock and roll; y las ondas de la realidad multirracial y multicultural de Los Ángeles lo impactaban. Una usina de estímulos para anclar en la música y ampliar sus gustos y oídos.
En 1956, la familia Zappa se mudó a Lancaster, al norte de Los Ángeles. Frank ingresó a la Antelope Valley High School, donde conoció a Don Van Vliet, que adoptaría el nombre artístico de Captain Beefheart y sería su amigo y compinche musical. Juntos integraron el grupo The Masters. Cambió la batería por la guitarra. A la vez incursionó en la composición, en los arreglos y en la dirección musical. Se recibió en 1958, se mudó a Los Ángeles e ingresó a la universidad estatal. Estuvo pocos meses y allí conoció a Kathryn «Kay» Sherman, con quien se casó en 1960. Trabajó en una agencia de publicidad, hecho que lo acercó al trabajo visual y al diseño.
Grabó la música de varias películas serie B, compuso para artistas locales, cantó en bares y continuó componiendo música de películas. En 1964 se separó y comenzó una rutina de doce horas diarias de trabajo que nunca más abandonaría. Adquirió un pequeño estudio que poseía una grabadora de cinco pistas y renombró “Studio Z” y formó el trío The Muders.
Su popularidad crecía y comenzarían sus problemas con la policía.
Sospechaban que participaba de filmes pornográficos. Lo acusaron, se defendió en los estrados, admitieron que los cargos eran exagerados, lo condenaron por un delito menor y cumplió una condena de diez días. Fue su debut contra la brutalidad policial y el autoritarismo judicial. En 1965 fue convocado para formar parte de “The Soul Giants”, que finalmente derivó en “The Mothers of Invention”. Terminó liderando la banda e imponiendo sus composiciones. Fue un salto de calidad.
En 1966 grabaron Freak Out!. Sonido crudo, arreglos sofisticados, letras antiautoritarias y satíricas, composiciones 100×100 Zappa. Buenos temas como “Gente de plástico” o “Los zapatos marrones no lo hacen”. Una absoluta novedad en un mundo de cultura consumista. Se mantuvo 23 semanas en las listas de audiencia gracias a la promoción en medios independientes. Ese año conoció a Adelaide Gail Sloatman con quien se casó y tuvo dos hijas y dos hijos. Su casa de Laurel Canyon, en Los Ángeles, se convirtió en un centro de reunión artística y discusión estética que convivía con una contradicción permanente: el consumo de drogas. Frank estaba en contra. Sus amigos no. Mantuvieron posiciones. En 1967 salió el álbum _Absolutely Free, largas canciones con abruptos cambios de ritmo y letras críticas contra la hipocresía de la sociedad norteamericana e indicios de contracultura. Otro golpe.
En el ’68 editó Solo estamos en esto por dinero donde el blanco fue el mundo hippie y el consumo de drogas. Inmediatamente, Cruising With Ruben & The Jets, un tributo a ese estilo vocal afro de la década del ’50 que se conoció como doo wop. Sin freno, editó Hot Rats, en el que el jazz le gana al rock y donde se destacan las imbatibles “Peaches en Regalia” y “Willie The Pimp”.
Luego de un gran accidente en el que terminó con varios huesos rotos volvió con Apostrophe, sostenido en el hermoso tema «Don’t Eat The Yellow Snow» y con Sensación de noche, en el que arremete con mucho rock and roll e interviene el violinista Jean-Luc Ponty. Sube la apuesta con Talla única para todos en el que destacan el imparable “San Ber’dino” e “Inca Roads”. Una fiesta frenética de rock y jazz e intercambio de ritmos para transpirar. Finalizó la década a toda orquesta con Sheik Yerbouti y su ópera rock Joe’s Garage Libertad musical y lírica y sátira política.
En 1985 tuvo otro encontronazo con el poder político. Algunos discos de la música rockera eran más explícitos respecto a temas como la sexualidad, las relaciones o la violencia. Ofendidas, las esposas del senador Gore, del secretario del Tesoro, de otros políticos y empresarios impulsaron un poderoso lobby llamado “Centro de recursos musicales para padres” (PMRC, en inglés) que pretendían imponer diferentes etiquetados a los discos que, según su criterio, rayaban en la inmoralidad. Caían en la volteada Prince, Madonna, Mötley Crue, Black Sabbath, Cindy Lauper, Judas Priest, AC/DC, etc.
Frank Zappa inició una campaña para enfrentar ese intento de censura (existía otro llamado Musical Majority con idéntico propósito) y el 19 de septiembre de 1985 se presentó ante el Comité de comercio, tecnología y transporte del Senado de los Estados Unidos para oponerse a la implementación de esa medida. La argumentación fue demoledora, coherente y abarcativa.
No se limitó a criticar al PMRC como regulador de gustos y conciencias sino que realizó un preciso análisis de las condiciones materiales bajo las cuales los músicos realizaban su trabajo, desmitificó la organización de la industria musical, develó las relaciones de poder entre ésta y las instituciones públicas y denunció el intento de las discográficas de que se aprobara una tasa de entre el 10% y el 25% sobre todos los aparatos de grabación, y otra de un centésimo de dólar al minuto sobre los casetes vírgenes. Los republicanos y demócratas quedaron desarmados ante tanta precisión y el intento censor se fue desinflando aunque alguna etiqueta mínima quedó.
Meses después editó un disco que tituló Frank Zappa conoce a las madres de la prevención en el que intercaló pasajes musicales con diálogos y alegatos ocurridos en el Senado. Su participación política persistió y generó campañas para que los ciudadanos se inscribieran para votar, entre otras.
Continuó su producción musical, su experimentación con los sintetizadores Synclavier, envío de discos por correo, ediciones discográficas en CD, intentos de comerciar grabaciones por «transferencias digitales directas» a través del cable telefónico o TV por cable. Y sus declaraciones públicas sobre política, educación, estilos de consumo, música, familia, sindicatos. No descansaba.
Genio musical, estudioso, sólido, incansable, irónico, polémico, símbolo del luchador solitario.
Salú Frank Zappa! Por tu música, tu voluntad inquebrantable en una sociedad difícil, tu firmeza ante las posturas facilistas y los excesos en un medio permisivo y por tu pinta quijotesca que completaba el cuadro de peleador en medio de una premeditada soledad.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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