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Efemérides 05 de Junio – Ray Bradbury

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Un poeta de la ciencia ficción

Un día como hoy pero de 2012 se despedía Ray Douglas Bradbury, escritor estadounidense que abrevó en los géneros de ciencia ficción, fantástico y de terror. Aunque personalmente se consideraba un escritor de fantasías.
No fue un escritor que predijo situaciones futuras, ni se dedicó a la divulgación científica con fines literarios, ni utilizaba conceptos científicos apegados a cierta continuidad histórica. Bradbury fue un autor que privilegiaba los símbolos y las metáforas, que entretenía y obligaba a reflexionar, que alertó sobre el peligro de la presencia excesiva de la tecnología y su poder de manipulación sobre la condición humana.
Nació en 1920 en Waukegan, Illinois. Hijo de Esther Moberg, inmigrante sueca y de Leonard Spaulding Bradbury, trabajador telefónico. Debido al trabajo itinerante de su padre que instalaba líneas telefónicas, se mudaron varias veces por el país. En 1934 se aquerenciaron definitivamente en la ciudad de Los Ángeles, California. Allí cursó sus estudios secundarios en Los Ángeles High School y se recibió en 1938. Un año antes había ingresado en la “Liga de ciencia ficción” de la ciudad, una de las tantas asociaciones de jóvenes que despuntaron después de la Gran Depresión. También tenía curiosidad por la ciencia y la tecnología y visitó las Exposiciones Universales de Chicago y Nueva York.
Debido a su humilde condición económica no pudo ingresar a la universidad y transitó en su camino autodidacta. Fue un asiduo concurrente a las bibliotecas públicas donde entrenó su modo de leer y perfeccionó su escritura. Se encontraba todas las tardes con William Shakespeare, Julio Verne, Edgar Allan Poe, H. G Wells y el creador de “Tarzán de los monos”, Edgar Rice Burroughs.
Simultáneamente, trabajó de vendedor de diarios durante cuatro años.
Su primer relato corto, “El Dilema de Hollerbochen” fue publicado en la revista “Imagination”. Luego aparecieron otros, en “Futuria Fantasia” (editada por él mismo), “Spaceways”, “Weird Tales” o “Best American Short Stories”, con diferentes seudónimos. En 1941 recibió su primer pago por el relato “Pendulum” en la revista “Super Sciencie Stories”. En 1942 abandonó su trabajo, decidió vivir de la literatura y comenzó a publicar pequeños cuentos en diferentes revistas locales (casi una por semana). Ese año escribió El lago y afianzó un estilo literario.
En 1946 conoció a Margaret McClure, empleada de una librería con quien se casó y tuvo cuatro hijas: Susan, Ramona, Bettina y Alexandra. La pareja llegó a un acuerdo. Ella aportaría la mayor parte de los ingresos de la economía familiar mientras Ray tratara de consolidarse como escritor profesional. La apuesta funcionó. En 1947 publicó Carnaval negro, producto de la impresión que se llevó de un viaje realizado a México y la conexión de esos pueblos con la muerte, las marchas funerarias, las procesiones familiares hacia cementerios ancestrales.
En 1950, publicó su primer éxito comercial: Crónicas marcianas. Conjuntos de relatos que describían los avatares de la colonización del planeta Marte por parte de los humanos, los contratiempos que originan las capacidades telepáticas de los marcianos a las primeras expediciones, el contagio de enfermedades que produjo la invasión, la réplica de los aspectos más negativos de la civilización occidental en la colonización (continuidad de la lógica guerrera, la discriminación, el racismo, el impulso autodestructivo, el intento humano de manipular la naturaleza, la inutilidad contra la fuerza inmanente del universo, el peligro de la automatización ciega) y su contracara dramática: la guerra nuclear en la Tierra y la devastación posterior. Un libro donde imperaba la soledad, la advertencia sobre continuar siendo conducidos por mecanismos destructivos pero también un ambiente poético, melancólico y mínimamente esperanzador.
En 1951 publicó El hombre ilustrado, dieciocho cuentos en los que exploraba los conflictos que entraña la automaticidad de los instrumentos tecnológicos, la complejidad y endeblez de la sicología humana ante los desafíos y los cambios de escenarios y la repetición cuasi costumbrista de errores en las relaciones humanas, conectados en la figura de un vagabundo con tatuajes animados.
En 1953 la revista “Playboy” publicó una de sus novelas más famosas: Fahrenheit 451 (la temperatura a la que se quema el papel). Literatura distópica que narraba una sociedad estadounidense del futuro dominada por los medios audiovisuales en la que estaba prohibido tener o leer libros; los encargados de hacer cumplir la norma eran, paradójicamente, los bomberos que debían incendiarlos. Censura del conocimiento, ausencia de reflexión, imposibilidad de conectarse y actuar en el devenir histórico, aislamiento cultural, autoritarismo del aparato de dominación.
El protagonista era Guy Montag, bombero que dudó de la pertinencia de ese modo de vida, se cansó de su misión, se enfrentó a su jefe y a un perro-robot que detectaba a los “infractores”, perdió su casa, fue perseguido y se conectó con un grupo de resistentes que vivían en un bosque de las afueras y tenían como objetivo memorizar un libro por persona para que perdurara el conocimiento. Finalmente, la ciudad sufría un bombardeo, su población moría y los únicos sobrevivientes eran los tenedores de libros y memorizadores de textos que decidían reconstruir el lugar.
Sus lectores podemos tener varias interpretaciones de la obra: el histórico papel corrosivo que tuvo la quema de libros en la historia humana, la irrupción del macartismo en EE UU, el autoritarismo estatal y la utilización de brazos ejecutores reconocibles, la presión de los medios masivos de comunicación para minimizar la posibilidad de análisis de los hechos y reducir el interés por la literatura y otras formas de cultura, etc. Sin duda, fue una alerta temprana de Bradbury que hoy tiene absoluta vigencia.
Continuó publicando recopilación de relatos como Las doradas manzanas del sol, El país de octubre, Remedio para melancólicos, Las maquinarias de la alegría, Fantasmas de lo nuevo, El convector Toynbee. O novelas alucinantes como El vino del estío, desgarradoras como La feria de las tinieblas, misteriosa y didáctica como El árbol de las brujas, sarcástica como La muerte es un asunto solitario o conmovedora como El verano de la despedida.
También incursionó en el teatro con El maravilloso traje de color vainilla y Columna de fuego y otras obras para hoy, mañana y después de mañana o en poesía con Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos o Ray Bradbury, poesía completa, que mostraron otra arista literaria.
Trabajó en el mundo del cine: fue guionista de Moby Dick dirigida por John Huston y de El pequeño Nemo, película de animación de Masami Hata y se insertó en el mundo de la televisión -también como guionista- en series emblemáticas como “Alfred Hitchcock presenta” y “Dimensión desconocida”.
Investigador de la condición humana a través de la literatura, contrincante permanente ante el desarrollo tecnológico ciego y sus consecuencias civilizatorias, voz de alerta ante la incesante intromisión humana en los ciclos de la naturaleza, cultor del realismo épico y de cierto romanticismo para describir escenarios solitarios o estados dramáticos.
Salú Ray Bradbury! Por llevarnos a mundos fantásticos, por asombrarnos o permitirnos soñar con situaciones desconocidas, por alertarnos que la automatización excesiva y totalizadora nos deshumaniza sin aviso, por tus personajes que luchaban contra aquello que les robaba su humanidad.
Un integrante fantástico de nuestra popular imaginaria…

Ruben Ruiz
Secretario General 


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