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Efemérides 12 de Junio – Elinor Olstrom

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Defensora del manejo asociativo de los bienes comunes

Un día como hoy se despedía Elinor Claire Awan, politóloga, economista y profesora estadounidense que analizó la gobernanza económica colaborativa, introdujo el concepto de bienes comunes ante la aceptada división que se hace de dichos bienes entre públicos y privados y se insertó en el concepto de Nueva economía institucional que profundizó el estudio de temas subestimados por la economía tradicional: costos de transacción, reglas del juego, mecanismos de control y el mantenimiento de los acuerdos sociales. Fue la primera economista en recibir el premio Nobel de esa ciencia.
Nació en Los Ángeles en 1933. Vivió con su madre y creció en el seno de una familia pobre que sufrió los efectos de la Gran Depresión. Asistió a una escuela secundaria en Beverly Hills y recibir una buena educación. Allí descollaba en los debates que le permitieron perfeccionar dos pilares: sus dotes en la argumentación y el estudio de la crítica. Fue una práctica imprescindible para superar su tartamudeo.
Con perseverancia y casi sin apoyo económico logró recibirse con honores en la carrera de Ciencia Política en la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) en 1954. De sobrepique fue contratada por una empresa que exportaba productos electrónicos en Boston. Tres años más tarde retornó a la UCLA para trabajar en la oficina de personal y realizar un posgrado. Al principio, cursó un seminario sobre el funcionamiento de grupos de acción colectiva. Eligió ese tema para su tesis doctoral. El supervisor del seminario era el profesor Vincent Ostrom, catorce años mayor que ella, con quien se casó en 1963. Un año antes había obtenido una Maestría en Humanidades y en 1965 alcanzó el Doctorado en Ciencia Política.
Ese año, el biólogo Garret Hardin publicó Tragedia de los (recursos) comunes y popularizó la idea de que el uso masivo de cualquier recurso natural y la tendencia individual a la exageración conducen a su sobrexplotación y, a largo plazo, al agotamiento o desaparición. Elinor no coincidía totalmente con esa teoría. Especialmente en lo que se refería a la gestión de ríos, bosques, zonas de pastoreo, pesca o sistemas de riego. Investigó, comparó datos estadísticos y elaboró otra teoría sobre las condiciones relevantes que permiten el funcionamiento de las organizaciones y las razones por las cuales no siempre la gestión de los bienes comunes es incompatible con los intereses personales.
Se enfrentó a las conclusiones lineales de la mayoría de los economistas, desafió la concepción tradicional de que la propiedad común estaba mal administrada y puso en evidencia la necesidad del trabajo interdisciplinario para encontrar respuestas a sistemas y procesos tan complejos.
Clasificó los bienes en base a dos características: la excluibilidad, en la que se estudia la posibilidad o dificultad de excluir a algún usuario y la rivalidad, donde se considera la escala desde donde un individuo excluye a otro por su uso. Lo radical de la propuesta para la época fue su conclusión de que existía una forma colectiva de uso y explotación sustentable de los bienes comunes que no estaba sujeta inevitablemente al uso irracional y posterior agotamiento de dichos recursos.
Mostró que la explotación comunal de bienes compartidos podía proveer mecanismos de autogobierno que garantizaran equidad en el acceso, control democrático, protección del bien e imprimiera vitalidad al recurso común. Buscó ejemplos existentes: En México, cerca de 30.000 poblaciones y comunidades donde viven o trabajan tres millones de familias, gestionan el 59 por ciento de la tierra y dos tercios de las unidades de producción rural, muchos pueblos originarios que viven en las laderas de la cordillera de los Andes tienen un manejo comunitario de la gestión del agua, en los valles regados por el río Turia en Valencia los campesinos hace 500 años que se autogobiernan en el manejo de los recursos hídricos y el uso compartido de la tierra.
En 1973 cofundó El taller de teoría política y políticas públicas en la Universidad de Indiana en Bloomington, Estados Unidos, junto a su marido, Vincent Ostrom. Creó un equipo que estudió la organización policial y los servicios que prestaba en 80 áreas metropolitanas. Recorrieron durante 15 años los circuitos policiales y entrevistaron a miles de ciudadanos/as de a pie. La conclusión fue que la mayor cantidad de efectivos no garantizaba mayor eficacia. Por el contrario, el trabajo realizado en redes, compartiendo información e interactuando entre diferentes jurisdicciones garantizaba mayor seguridad pública. De esta experiencia surgió la teoría del policentrismo que permitía poner en práctica un sistema de ciudadanía en que los individuos se organizaran con diferentes autoridades de gobierno a distintas escalas.
En 1990 escribió su obra más completa El Gobierno de los Bienes Comunes en la que describió diversos casos de gestión cuando se poseen recursos colectivos escasos y describió una herramienta fundamental en el manejo de bienes comunes: los principios de diseño. Ellos permiten definir límites, establecer reglas de uso, generar acuerdos colectivos para tomar decisiones, diseñar un control efectivo de las acciones, escalas progresivas de sanciones a los infractores de las reglas, mecanismos de resolución de conflictos baratos y de fácil acceso, reconocimiento estatal de la autogestión comunal y, en el caso de grandes recursos comunes, la organización de diferentes niveles de gestión y el papel de las comunidades locales.
Continuó su trabajo pedagógico y de implementación práctica de sus ideas en otras obras como Reglas, juegos y recursos comunes, Confianza y reciprocidad: lecciones interdisciplinarias para la investigación experimental, Comprender la diversidad institucional, Comprender el conocimiento como un bien común: de la teoría a la práctica, entre otras.
Su motivo de estudio continuó siendo la interacción entre los seres humanos y los sistemas ecológicos circundantes, la creación de sistemas prácticos que identificaran elementos para la multiplicación de formas de autogestión comunal, las estrategias y normas que permitieran el desarrollo de relaciones sociales y ecológicas sostenibles y el diseño de acuerdos fiables, creíbles y duraderos para poder preservar los recursos comunes.
Fue precisa: la autoorganización exige una fuerte capacidad colectiva, de autogestión y un alto grado de capital social de los interesados/as. Fue clara: la mayoría de los medios ambientes son complejos, inciertos e interdependientes y los individuos afrontan incentivos continuos para actuar en forma oportunista. Fue contundente: la ausencia de propiedad individual no implica libre acceso ni falta de regulación; los bienes comunes no pueden ser considerados “tierra de nadie” y el éxito de su administración sostenible depende de que los partícipes interactúen con una visión de largo plazo.
Su mérito radicó en estudiar mecanismos y prácticas que superaran las categorías binarias: (lo propio y lo ajeno, lo estatal y lo privado, lo de todos y lo de nadie). Intentó demostrar que no es inevitable entregarse a las leyes del mercado ni suplantar la interacción colectiva por la coerción estatal.
Fue práctica y nada ingenua. Demostró con datos y estudios que la gestión de bienes comunes vive en estrecha relación con los conceptos que definan el tipo de estado que la comunidad esté dispuesta a construir y sostener, los límites que se impongan al mercado, las relaciones de fuerza que se establezcan y el grado de poder que se logre desarrollar.
Su tesis fue que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un recurso de uso común que los propios implicados y que para hacerlo posible hay condiciones indispensables: disponer de los medios e incentivos para que se pueda realizar, mecanismos de comunicación claros para que se produzca la intervención colectiva y criterios de justicia basado en el reparto equitativo de los costos y beneficios.
Interesante búsqueda de caminos posibles para salir de una sociedad injusta, económicamente insostenible y contaminante y pensar en mecanismos de construcción de otro tipo de sociedad y de interacción con nuestra casa común.
Salú Elinor! Por tu búsqueda, tus demostraciones y por los caminos que transitaste para confrontar con la pereza intelectual y el posibilismo confortable.

Ruben Ruiz
Secretario General 


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